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De príncipe a bufón: el circo del Palacio
Andy López Beltrán se quedó sin visa. Amílcar Olán sí la tiene. El Palacio es circo: el príncipe, bufón; el socio, llave.
Por Paco Baca, Director · Ciudad de México · Miércoles, 2 de septiembre de 2026, 09:50 a.m.

Andy López Beltrán y Amílcar Olán son los nombres que flotan en la superficie de los negocios jugosos al amparo del poder. Se habla de una «red de corrupción» que no necesita pruebas para ser evidente: contratos opacos, amistades convertidas en franquicias y favores que huelen más a pólvora que a progreso.
La ironía es brutal: Andy no tiene visa. El príncipe quedó atrapado en su propio reino, sin acceso a Washington ni a los negocios que presume. Amílcar, en cambio, sí la tiene. Y con eso basta: el socio con pasaporte se convierte en la llave para abrir cuentas y contratos en Estados Unidos, mientras Andy observa desde la grada, reducido a bufón diplomático.
La Fiscalía, fiel a su papel de cómplice institucional, se refugia en la falta de pruebas. Omisión disfrazada de imparcialidad, respaldo disfrazado de legalidad. Porque en México la corrupción no necesita esconderse: basta con que la justicia se tape los ojos y declare que no vio nada.
El Palacio Nacional funciona como circo romano: aplausos ensayados, discursos huecos y un heredero político que pasó de príncipe a bufón. Los negocios jugosos siguen creciendo al amparo del poder, las amistades se convierten en franquicias de poder, y el público ríe con resignación.
El telón cae, y lo único que queda claro es que el rey del Palacio ahora es el payaso… y el príncipe, el bufón.
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