Editorial e ilustración Paco Baca.
Trump en camisa de once varas: Irán, Netanyahu y el fantasma de Epstein
La historia reciente se ha convertido en un laberinto donde Donald Trump avanza sin brújula. El 28 de febrero de 2026, tras la muerte de Alí Jamenei, Irán entró en una transición delicada con Masoud Pezeshkian como líder interino. Ese mismo día, los bombardeos conjuntos de Estados Unidos e Israel sobre Teherán y Sanandaj marcaron el inicio de una escalada que no ha cesado.
El 1 de marzo, Irán rechazó cualquier negociación con Washington. Dos días después, Kuwait derribó por error aviones estadounidenses, mostrando que las alianzas regionales son tan frágiles como el cristal. El 20 de marzo, los misiles Tomahawk del USS Delbert D. Black golpearon instalaciones militares iraníes, confirmando que la guerra ya no era un escenario hipotético, sino una realidad devastadora.
Las cifras son elocuentes: más de 40 ataques aéreos en tres semanas, 600 civiles muertos en Irán según la ONU, 35 soldados estadounidenses heridos y 12 muertos en bases de Irak y Siria, y más de 20 misiles balísticos cayendo sobre Israel, con Tel Aviv y Haifa convertidas en paisajes de ruina.
Trump insiste en que “pone condiciones”, pero las imágenes de bases ardiendo y ciudades devastadas desmienten cualquier narrativa de control. Netanyahu parece dictar el guion, arrastrando a Washington hacia una guerra total contra Irán. Y mientras tanto, los expedientes de Jeffrey Epstein siguen flotando en la prensa internacional, un recordatorio incómodo que la Casa Blanca intenta eclipsar con la estridencia bélica.
El resultado es un caos que no ofrece salida. Trump, atrapado entre las órdenes de Netanyahu y el intento desesperado de desviar la atención mediática, ha terminado enredado en un conflicto que no entiende. Las bombas no borran los escándalos, los amplifican.
En términos claros: la camisa de once varas en la que se metió Trump, ya le queda chica.



