Paco Baca.
Washington y Teherán firmaron un alto al fuego que evitó una tragedia mayor. Pero el precio fue alto para Estados Unidos: Irán impuso condiciones claras para abrir el Estrecho de Ormuz. Entre ellas, el compromiso de no agresión, el control iraní continuado sobre el estrecho, la aceptación del enriquecimiento de uranio y el levantamiento de todas las sanciones primarias y secundarias.
Las condiciones que aceptó Donald Trump solamente para que Irán abra el estrecho de Ormuz:
-Compromiso de no agresión.
-Control iraní continuado sobre el Estrecho de Ormuz.
-Aceptación del enriquecimiento de uranio.
-Levantamiento de todas las sanciones primarias y secundarias.
-Terminación de todas las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU y la Junta de Gobernadores del OIEA.
-Pagos de compensación a Irán.
-Retirada de las fuerzas de combate estadounidenses de la región.
-Cese de la guerra en todos los frentes.
Sumado a esto, Irán puede seguir atacando a Israel.
El resultado inmediato: se salvaron miles de vidas. El resultado político: los grandes perdedores fueron Donald Trump y Benjamín Netanyahu. Ambos deberán enfrentar a sus congresos y al repudio de sus sociedades. Descubrieron que doblegar a un imperio milenario no es como mirar a Rambo o Schwarzenegger salvar al mundo desde la butaca de un cine.
El futuro se presenta áspero. Netanyahu, acorralado por la justicia, difícilmente aceptará la derrota sin intentar un nuevo golpe. Trump, por su parte, encara un Congreso hostil y la desaprobación de más de la mitad de los Estados Unidos. El panorama para ambos líderes es sombrío, mientras el acuerdo abre una ventana de paz frágil, que no debe confundirse con garantía.



