Inició el 2026 y México no sólo se encuentra en la antesala del Mundial y de un año altamente político; el país ha entrado ya en una etapa donde las definiciones comenzaron y las omisiones empiezan a pesar. El calendario cambió, pero también lo hizo el margen de tolerancia a su ciudadana.
Este año, México no necesita en marchas ni discursos vacíos; lo que necesitamos son ciudadanos organizados y constantes, capaces de trabajar para solucionar problemas concretos como la seguridad, el empleo y la educación, problemas que desde los primeros días del año siguen marcando la vida cotidiana de millones de mexicanos.
El poder no cambia por el ruido; cambia cuando los ciudadanos lo incomodan con datos, seguimientos y presencia constante. No se trata de tumbar gobiernos, sino de exigir que la administración actual corrija errores y gobierne para todos.
Tampoco se trata de crear mayorías emocionales, sino de desarrollar minorías persistentes y unidas.
Si queremos que este 2026 sea un año que nos prepare para el verdadero reto; la transición política del 2027, debemos entender que, aún cuando no haya campañas formales, la maquinaria electoral ya está en marcha. El Mundial comienza a ocupar espacios en la conversación pública, pero no puede ni debe convertirse en un sustituto de los debates de fondo, especialmente cuando las elecciones de diputados federales y estatales serán las que definan el equilibrio político nacional. Es ahí donde realmente existe la oportunidad de construir contrapesos reales y de lograr que no sean la narrativa oficial la que determine “si vamos bien” si no los resultados los que obliguen a corregir el rumbo.
Como ciudadanos, debemos de ser claros y exigir de forma legítima que la presidente se deslinde de la administración anterior, ejerza un liderazgo propio y cumpla su papel como jefa del Ejecutivo. El inicio del 2026 marca también el fin del período de gracia del Gobierno, a partir de ahora cada decisión, cada omisión y cada defensa del pasado es una elección de política propia. Lo que menos necesitamos es que la presidente, desde sus “mañaneras” o el discurso oficial defienda a la anterior administración, a los hijos del Presidente o sus allegados, y que se entienda, ésto no es una discusión ideológica, sino una demanda de institucionalidad, por el encargo y representación que tiene.
En este año debe tener presente que existe una mayoría de ciudadanos aproximadamente un 61%, que no forman parte de una base social organizada ni dependiente de programas sociales. Son mexicanos que aspiran al bienestar a través del desarrollo laboral, la productividad y la creación de oportunidades reales para su desarrollo integral, una mayoría real, a la que se le tiene que gobernar con resultados y no con narrativa; los cuales sólo se pueden construir cuando el liderazgo reconoce que gobierna para todos y no solo para sus simpatizantes.
El 2026 no debe ser recordado por el Mundial, ya que la gran mayoría solamente seremos espectadores, ni por los discursos oficiales o marchas de inconformidad, sino por la capacidad de los ciudadanos para asumir sus responsabilidades e impulsar la redirección de la política nacional. Lo que México necesita son instituciones fuertes que funcionen, partidos de minorías que representen realmente y hagan consenso a favor de todos, así como ciudadanos que exijamos resultados y no caer en la indiferencia, que tanto nos ha caracterizado y dañado.
Hagamos conciencia. El rumbo del país se va a definir solo en el momento que pasemos del hartazgo a la vigilancia, del ruido de la crítica mordaz a la exigencia organizada, a través de propuestas, con un diálogo que cree una unidad nacional a favor de México y para México.

Javier Agustín Contreras Rosales. Colaborador de Integridad Ciudadana AC, Contador Público, Especialista en Instituciones Administrativas de Finanzas Publicas, Maestro en Administración Pública @JavierAgustinCo @Integridad_AC

















