Editorial y cartón político de Paco Baca.
El gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, aparece en la lista de reclamados por Estados Unidos. Y como buen político de la vieja escuela, ya se hizo “ojo de hormiga”: calladito, agazapado, esperando que el temporal pase. Mientras tanto, el discurso oficial sigue ondeando la bandera de la soberanía, esa que se usa como paraguas retórico para cubrir lo que en realidad es un intento desesperado de salvar al “pájaro de cuentas”.

La escena es digna de serie de streaming: fichas de dominó cayendo una tras otra, cada morenista señalado con la ilusión de que Palenque es impenetrable. Pero lo más vistoso no será la defensa de la soberanía, sino el espectáculo de ver al pez más gordo salir con un conjunto deportivo Nike, al estilo Maduro, como si la moda revolucionaria se hubiera convertido en uniforme de extradición.
¿Estará ya pensando el imperio mandar a sus Delta Force para hacer un viaje al Edén e ir buscando un modelito deportivo «coquetón»? O quizá decidan simplificar el trámite: overol naranja, helicóptero Black Hawk al filo de la madrugada, y directo a una cárcel en Nueva York. Con suerte, los marines mostrarán un poco de decoro y no los subirán en calzones.
Mientras tanto, Sinaloa sigue siendo un lugar que se promociona solo: más allá de las series de narcos, más allá de sus gobernadores impresentables, como Rocha Moya. La soberanía, en este libreto, es apenas un disfraz de utilería. El verdadero espectáculo está en la pasarela de extradiciones que se avecina.

















