La ciudad sitiada por la improvisación

Editorial y editorial gráfico por Paco Baca.

La Secretaría de Educación Pública decidió mejo no tocar el ciclo escolar. Dejarlo como estaba, no por respeto a los estudiantes, sino para que la opinión pública dejara de tocar el tema. En el otro lado Clara Brugada quería presumir una ciudad “despejada” en pleno Mundial. El mensaje era claro; que los niños se acostumbren, que los padres se aguanten, que los maestros se adapten, y que la ciudad se organice para que la jefa de gobierno no cargue con el tráfico y con la desorganización que se prevé.

La misma Brugada, jefa de gobierno, que recomendó no salir de casa durante el Mundial, para no tener contratiempos, como si en ese momento la capital se frenara por 5 partidos de futbol que son los que tendrá el remodelado estadio Azteca. Y en cierto modo lo que preocupa, es la inoperatividad y la falta organizativa que puede tener la administración en turno para el momento de recibir visitantes, y de que la euforia por la selección se desborde como coladera retacada de basura en época de lluvias: marchas, visitantes, servicios inconclusos, el metro convertido en obra negra, avenidas llenas de baches y la inseguridad desbordada. Todo eso bajo el disfraz de una ciudad “lista” para recibir al mundo.

Lo grotesco es que el gobierno supo desde el 13 de junio de 2018 que México sería sede. Ocho años de ventaja desperdiciados. Y ahora, a un mes del partido inaugural, apenas empiezan a maquillar el aeropuerto, los trenes, el metro, las avenidas y el transporte público. La improvisación como política pública.

El Mundial no es el problema, el problema es la desidia institucional. Se sabía, se podía planear, se podía ejecutar con tiempo. Pero se prefirió el cálculo político, el discurso vacío y la foto de último minuto.

La ciudad se convierte en un escenario de utilería: fachadas pintadas, obras inconclusas, promesas recicladas. El tráfico será un infierno, los servicios colapsarán, y los ciudadanos tendrán que encerrarse en casa para que el espectáculo luzca en televisión.

El Mundial será un espejo incómodo: mostrará al mundo que México puede organizar partidos de fútbol, pero no puede organizar su propia capital. Que la SEP se pliega a la política, que el gobierno improvisa, y que la ciudadanía paga el costo de la incompetencia.

En resumen: la ciudad no se prepara, se disfraza. Y como toda obra de teatro mal montada, el telón caerá dejando ver lo que siempre estuvo ahí: baches, inseguridad, inoperatividad y un gobierno que juega al escenógrafo mientras la realidad se desmorona al grito de gol.