Ediorial por Paco Baca.
La contradicción es el nuevo combustible nacional. La presidenta, que junto con su antecesor gritaba que jamás permitirían el fracking ni que una empresa extranjera perforara suelo mexicano, hoy abre la puerta con el mismo discurso que antes cerraba: “modernidad”, “circunstancias económicas”, “aval académico”.
El libreto es conocido: se convoca a científicos y académicos para que legitimen lo que ayer era anatema. La fractura de mantos acuíferos y de territorios sensibles se viste de bata blanca y se presenta como progreso.
La soberanía, que antes se defendía con discursos encendidos, ahora se reduce a un expediente técnico. Lo que ayer era traición a la patria, hoy se justifica como necesidad.
La realidad los alcanzó: las presiones externas, los números rojos y la dependencia energética obligan a renunciar a principios que en campaña funcionaron como bandera. La soberanía se quedó en papel, y el fracking se convirtió en la firma invisible de esa renuncia.
En México, la fractura en este gobierno, no es sólo de mantos acuíferos, es de convicciones. Y esa sí, no hay académico que la justifique.



