En el México surrealista en el que vivimos, los políticos parecen habitar una realidad paralela donde todo funciona bien, donde las decisiones son acertadas y donde el país avanza con paso firme. No es necesariamente que mienta, aunque a veces lo parezca, sino que construyen narrativas que ellos mismos terminan creyendo. Y mientras este relato se repite desde el poder todos los días; minimizando cualquier situación que no encaje en su versión de país; somos los ciudadanos quienes tenemos la obligación de contrastarlo con la realidad.
Ese contraste se vuelve inevitable cuando los hechos no coinciden con el discurso oficial. El pasado domingo, la Presidenta Claudia Sheinbaum inauguró nuevamente una obra que su antecesor, López Obrador ya había dado por concluida años atrás, sin que los usuarios del tren suburbano, pudiéramos utilizar esa ampliación hacia el aeropuerto internacional Felipe Ángeles, tal vez por un problema de percepción colectiva. O quizá más simple: no estaba ni lista ni terminada, y lo que se mostró en ese entonces fue una pre- inauguración.
Cuestionar esta inconsistencia tiene un costo. En el debate público actual, señalar hechos incómodos suele bastar para recibir etiquetas previsibles tales como “neoliberal”, “conservador prianista”, que sustituyen la discusión de fondo por la descalificación automática. No se responde al argumento; se desacredita a quien lo hace.
A esto se suma el reciente anuncio desde la mañanera con bombos y platillos, sobre el acuerdo que alcanzó la Presidenta con los bancos para eliminar temporalmente comisiones en pagos con tarjetas en gasolineras, presentando como un beneficio directo para los consumidores, cuando en realidad parece más un alivio dirigido a los empresarios del sector. La medida puede tener lógica económica en un contexto energético complejo y cada día más adverso, pero su comunicación vuelve a fallar: se presenta como un apoyo al ciudadano cuando en los hechos funciona como un mecanismo para sostener el control de precios.
El problema de fondo es la incongruencia. La austeridad se predica como principio, pero en la práctica convive con privilegios difíciles de justificar. Se promete erradicar la corrupción y el nepotismo, pero persisten señales que apuntan en sentido contrario.
Esa incongruencia también se refleja en otros espacios de poder; casos como el de la Ministra Lenia Batres que se presenta como cercana al pueblo, pero cuyas posturas generan cuestionamientos sobre posibles conflictos de interés en torno a instituciones como el IMSS o el ISSSTE, alimentan la percepción de que el discurso y la práctica no siempre coinciden; permitiendo la duda razonable de que no existe una separación de los miembros de la Corte y el Poder Ejecutivo que sea un contrapeso y que genere certeza jurídica con la imparcialidad que corresponda.
Los datos tampoco acompañan la narrativa: en materia de seguridad más de 6 de cada 10 mexicanos se siente inseguro (INEGI, ENSU); en corrupción, el país mantiene niveles altos de percepción según Transparencia Internacional; y en salud, el sistema enfrenta carencias estructurales: falta de personal, desabasto de medicamentos y servicios rebasados.
Cuestionar no es estar en contra del país, aunque así se intente presentar. Ser crítico es, precisamente tomarse en serio la realidad, entender dónde estamos parados y exigir coherencia a quienes toman decisiones.
Porque cuando todo se presenta como un logro; pero la vida cotidiana no mejora; el problema no es la percepción, es la distancia entre el discurso y la realidad.
Y en esa distancia, lo que se pierde no es una narrativa… es en realidad la democracia participativa, donde los ciudadanos se van alejando, acrecentando la abstinencia que solo beneficia a los que ya están en el poder.
Los mexicanos debemos enfrentar nuestra realidad, elegimos mal al darle todo el poder a un solo partido y ahora tenemos que enfrentar nuestro exceso de confianza, más no es tarde para recomponer los pesos y contrapesos en las próximas elecciones intermedias del 2027, nuestra participación permitirá reconfigurar la Cámara de Diputados, y equilibrar las fuerzas para delimitar el poder.

Javier Agustín Contreras Rosales. Colaborador de Integridad Ciudadana AC, Contador Público, Especialista en Instituciones Administrativas de Finanzas Publicas, Maestro en Administración Pública @JavierAgustinCo @Integridad_AC



