“Silver Economy”

Es más que evidente que América Latina ha experimentado una de las transiciones demográficas más aceleradas del mundo. Con singular asombro la reducción de las tasas de natalidad y el aumento sostenido de la esperanza de vida han dado paso a un envejecimiento poblacional rápido y heterogéneo.

Este fenómeno plantea una serie de retos ineludibles, pero también abre la puerta a un concepto cada vez más relevante: la Silver Economy (la economía orientada a las personas mayores de 60 años y más), entendida no solo como un nuevo nicho de mercado, sino como una oportunidad para reconfigurar prácticas empresariales y modelos de consumo desde una perspectiva gerontológica.

Tradicionalmente, se ha conceptualizado a las personas mayores como consumidores pasivos o de demanda limitada, asociados a gastos en salud o cuidados, y no como agentes activos en la economía. Esta visión es excluyente. La evidencia demográfica muestra que los mayores de 60 años constituyen una porción creciente de la población con poder adquisitivo, experiencias de vida, que trascienden la atención médica para incluir vivienda, movilidad, turismo, tecnologías, productos financieros adaptados y alimentos funcionales.

El enfoque gerontológico no explica por sí solo los hábitos de consumo, estos están mediados por factores sociales, culturales, económicos y de salud. Se suma además, la heterogeneidad en condiciones socioeconómicas y desigualdades territoriales. No hay un “envejecimiento uniforme”, sino uno que reconoce trayectorias diversas (personas mayores con empleo activo, con redes familiares de apoyo, migrantes internos, carreras laborales interrumpidas, entre otros).

Las cifras son elocuentes y no admiten postergaciones: se estima que para 2050 una de cada cuatro personas en América Latina tendrá 60 años o más, resultado de una transición demográfica que avanza más rápido que la capacidad de adaptación de los mercados y las políticas públicas. Frente a este escenario, la economía plateada no puede seguir tratándose como un nicho marginal ni como una estrategia cosmética de marketing.

Los datos de la Encuesta Nacional sobre Salud y Envejecimiento en México (ENASEM) del INEGI deben leerse como una señal de alerta y de oportunidad: el 43.3 % de las personas mayores vive con hipertensión arterial, el 25.6 % con diabetes mellitus y el 10.7 % con artritis, enfermedades que condicionan la autonomía y relación con el entorno. Ignorar esta realidad implica perpetuar modelos que no dialogan con las necesidades de una población que envejece.

Es momento de asumir el envejecimiento como un eje estructural de planificación, con justicia social. El diseñar productos, servicios y entornos pensados con las personas mayores no es una concesión, sino una inversión estratégica en cohesión social, sostenibilidad económica a lo largo del curso de vida.

Ignorar esta realidad no solo profundizará las desigualdades existentes, sino que significará perder una de las mayores oportunidades de desarrollo inclusivo del siglo XXI en la región.

Ahora bien, en el seno familiar, una persona mayor será el referente próximo de una realidad que no se puede evadir. Otrora se señalaba, “Cuando el destino nos alcance”, una frase que ha rebasado y ante la que se continúa inmóvil para subsanar los requerimientos mínimos de protección para las personas mayores.

La economía plateada no debe leerse únicamente como un mercado a conquistar, sino como una oportunidad para rediseñar las relaciones entre consumo y envejecimiento digno. En este sentido, la Silver Economy ofrece una brújula indispensable para orientar mercados hacia la realización plena de las personas mayores.

Dr. Magdiel Gómez Muñiz Colaborador de Integridad Ciudadana, Profesor Investigador de la Universidad de Guadalajara @magdielgmg @Integridad_AC