En 2019, Donald Trump intentó comprar Groenlandia, territorio autónomo de Dinamarca. La propuesta fue rechazada de inmediato por Copenhague y calificada de absurda por las autoridades locales. El episodio confirmó su estilo de gobernar: convertir la política en espectáculo, como si aún estuviera frente a las cámaras de The Apprentice.
Pero la política no es Hollywood. No hay efectos especiales que maquillen las consecuencias ni créditos finales que borren los daños. Groenlandia no es un set de filmación, y el mundo no es un parque temático para sus ocurrencias.
Al final, la única atracción que queda es ver cómo el guion de Trump se estrella contra la realidad.

Editorial y Caricatura política. Paco Baca.

















