El Poder Judicial en Zapatos Mal Boleados o El «trapazo del Bienestar».

Por Paco Baca.

La imagen es brutal en su simpleza: el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, solemne, mirando cómo una mujer se arrodilla para bolearle los zapatos. No es una foto casual, es un retrato de la incoherencia. El poder que presume representar al pueblo se exhibe como un sketch de carpa de pueblo, un bodevil de mal gusto donde la solemnidad se disuelve en pantomima.

El manejo de imagen es torpe, casi suicida. ¿Cómo puede un poder que se dice garante de la dignidad permitir que la dignidad misma se arrastre por el suelo? La escena no es de justicia, es de servidumbre. Y en esa servidumbre, el ministro se convierte en caricatura: un tlatoani de utilería, rodeado de copal y almizcle, empuñando bastones de mando que no mandan nada, más que la risa amarga de un pueblo que observa.

La llamada “transformación” se exhibe aquí como lo que realmente es: un remedo. Una obra fársica que ni a sketch de Chespirito alcanza. Porque al menos Chespirito hacía reír; estos personajes solo provocan lástima. Lástima por la incoherencia, por la inoperancia, por la incapacidad de entender que la imagen pública es también justicia. Que un poder que se arrodilla frente a su propia vanidad no puede levantarse frente al pueblo.

El ministro que alguna vez caminó con huaraches hoy no sabe ni pronunciar la marca de sus zapatos. Y necesita que alguien se los limpie, como si el brillo comprado pudiera darle el don de mando que nunca tuvo. La camioneta blindada sustituye al burro de la escuela rural, pero no sustituye la humildad perdida. Lo que se exhibe es un teatro barato, donde presumir solo 200 pesos en la cartera, se convierten en un símbolo de boleada y de una triste realidad.

Editorial y cartón editorial Paco Baca