*El Ágora
Fanatismo, pasión futbolera o urgencia por mostrar empatía para sentirse parte de una comunidad. ¿Qué fortalece más la identidad nacional? Lo sabremos cuando concluya la Copa Mundial y una de las selecciones levante tan ansiado trofeo. En menos de un mes se definirá. Mientras tanto todo un pueblo se ha volcado en torno de la representación nacional y ha hecho suyos los triunfos de la oncena mexicana. Sin importar el grado de afición que se tenga al deporte del balompié, hasta los villamelones, han hecho suyas las victorias de su equipo, porque somos un país urgido de historias de éxito, necesitamos contagiarnos de glorias ajenas que hacemos nuestras. Por momentos olvidamos los fracasos, derrotas, penurias y carencias. Cuando ganan “nuestros” jugadores nos sentimos triunfadores, pensamos chingón (“Chicharito” dixit) y olvidamos todos los problemas, sentimos resuelta nuestra vida. Pero…
El futbol ha pasado de ser un deporte a convertirse en un negocio multinacional que deja solo un beneficio colateral: fortalece la identidad nacional. Mientras el futbol asociado arrebata cada cuatro años la soberanía a casi todos los países del orbe, a los pueblos les queda el robustecimiento de su orgullo nacional, más allá de los malos gobiernos, de las crisis económicas, de la violencia casera o externa, de la pobreza, de las deudas, de las injusticias, de los criminales de toda ralea, del desempleo o la falta de oportunidades, de los despojos o la pérdida de paupérrimos patrimonios. Por un mes, todos nos sentimos mexicanos, sin diferencias ni divisionismos, esperanzados en sentirnos chingones a través de once pares de piernas que nos glorifican efímeramente. Compartimos la misma pasión.
Además, el mexicano ha sabido colarse a la fiesta futbolera a la que no fue invitado, a pesar de ser el anfitrión. El negocio del balompié lo excluyó de los estadios, restringió su acceso a la televisión, encareció el espectáculo, recibió abusos de propios y extraños, exhibió una mala organización local, hasta secuestraron por una noche el mítico Alcázar de Chapultepec, pero no pudieron arrebatarle las calles, ni expresarse en ellas para disfrutar la victoria, a pesar de los excesos del retrógrado fanático. Por dos días, nos hemos hermanado en torno de un balón y vimos desaparecer nuestras diferencias, enconos y antagonismos. Afloró el orgullo nacional, no las manifestaciones patrioteras ni los falsos chauvinismos. Esa es la verdadera soberanía, esa es la idiosincrasia del mexicano. Por momentos pensamos chingón.
Sería ilusorio suponer que el capitán de la selección nacional levantará la copa, soñamos con el ansiado quinto partido. Nuestra identidad nacional, nuestra cohesión social están cifradas en ello. Después vendrá el Diluvio. Volveremos a nuestra realidad y se le acabará el distractor al gobierno. Pero una enseñanza nos dejará este Mundial de Futbol: la iniciativa ciudadana de tomar las calles como verdaderas manifestaciones de un sentir nacional, alegría, algarabía o protesta, no concentraciones de acarreados ni acciones anarquistas de ultras financiados por la propia autoridad.
Mientras tanto disfrutemos el Mundial y seamos testigos del futbol emergente de africanos y asiáticos. Como en política, está próximo el fin de quienes se sienten hoy poderosos en el balompié. No más Francia, Inglaterra, Alemania, España, Portugal, Brasil o Argentina. En ocho años hablaremos de Senegal, Congo, Cabo Verde, Costa de Marfil, Ghana y por qué no México, ya no más “ratoncitos verdes”. Pensemos chingón y revitalicemos nuestra identidad nacional.
Apostilla: El cada vez mayor uso de la motocicleta como medio de transporte e instrumento de trabajo en las principales ciudades del país y en pequeñas o medianas poblaciones de todos los estados, ha provocado un crecimiento acelerado del mercado de estos vehículos.
De acuerdo con el INEGI, el parque de motocicletas en el país creció de 2.27 millones en 2014 a cerca de 9 millones en 2024. Es decir, un incremento superior al 294%.
Actualmente, México ocupa el sexto lugar a nivel mundial en uso de motocicletas, cuyas ventas ya superan a las de automóviles.
En este contexto Ridermex, de los empresarios Yermi y Abraham Sutton, presentaron un esquema financiero orientado a capitalizar la expansión del sector, lo que permite a inversionistas participar tanto en la comercialización de motocicletas como en la apertura de nuevas agencias.
El modelo es accesible para todo tipo de inversores, los cuales pueden participar desde 5 mil pesos mensuales, respaldados por tres fideicomisos institucionales operados a través de un banco de prestigio, lo que brinda certidumbre jurídica y financiera. El esquema opera mediante bloques de inversión por tienda y recibe ingresos proporcionales a las motocicletas vendidas mensualmente.
Es un atractivo modelo de negocios para obtener ganancias seguras y constantes.

Octavio Campos es un periodista con una larga trayectoria profesional en diversos medios y con cargos públicos que le han permitido estar en los lugares correctos para ejercer su profesión de comunicador.















