En una semana acabará la euforia mundialista y regresaremos a nuestra triste realidad. Un cuestionado organismo internacional del balompié, organizador del evento cuatrianual, se dedicará a contar y distribuir las billonarias ganancias que le dejará el negocio del futbol. Las grandes figuras y sus selecciones regresarán a sus países a jugar los torneos y copas tradicionales. Afición y gobiernos quedarán endeudados y tendrán que trabajar duro para cubrir esos déficits públicos y privados. Mientras tanto, en Suiza ya se ideará el entramado para repetir la hazaña financiera en Marruecos.
Tras bambalinas, se asoma ya el próximo Mundial femenil de futbol. Se disputará por primera vez en Sudamérica: Brasil. Participarán 34 países y la final se disputará en el Maracaná, renovado para la contienda global masculina de 2014. Mientras en el país del norte de África inician la construcción de estadios, aeropuertos, carreteras, hoteles e infraestructura urbana para albergar al próximo Mundial, las deportistas disputarán sus encuentros en los mismos cosos que vieron destacar a James Rodríguez, Lionel Messi, Thomas Müller, Arjen Robben, Manuel Neuer, Keylor Navas y Guillermo Ochoa hace doce años.
Sin duda, el futbol femenil ha evolucionado en las últimas seis décadas, se han ganado su lugar en el balompié organizado, incluso su estructura corporal se ha transformado y hoy son más altas, más fuertes físicamente e incluso corren, muchas veces, más rápido que sus colegas varones. Tienen agilidad y técnica para dominar la pelota. Pero la batalla ha sido dura y poco reconocida socialmente. Lograron la igualdad de género, aunque todavía hay discriminación, acoso deportivo, laboral, sexual y desprecio por su profesión, la cual muchos consideran terreno de machos o como dijera el célebre comentarista Ángel Fernández, es “el juego del hombre”. Hace más de cinco décadas, once mujeres hicieron historia. En el campeonato mundial celebrado en México, la selección femenil se alzó como subcampeona en un estadio Azteca abarrotado. Las Pioneras del 71 fueron Yolanda Ramírez, Lourdes de la Rosa, Irma Chávez, Martha Coronado, Bertha Orduña, Elvira Aracen, Elsa Huerta, Silvia Zaragoza, Sandra Tapia, Lupita Tovar, Alicia “La Pelé” Vargas y María Eugenia “La Peque” Rubio, ente otras. Sin embargo, nunca se les reconoció, incluso sufrieron persecución, así como al cuerpo técnico que las llevó de la mano, quienes fueron cesados.
Media centuria después, el futbol femenil se entroniza, aunque no se ha quitado la jettatura de ser la sombra del balompié varonil, ni ha terminado la discriminación, el desprecio de colegas y directivos, incluso el acoso, como el sufrido por la capitana española Jennifer Hermoso, a quien, en agosto de 2023, el entonces presidente de la Real Federación Española de Futbol, Luis Rubiales, la besó sin su consentimiento durante la entrega de medallas a las campeonas en Australia. La indignación de jugadoras y sociedad mundial provocó la creación del movimiento # Se acabó.
El reto de todas las jugadoras de futbol, llanero u organizado, es exigir respeto, igualdad y reconocimiento a su actividad deportiva. Gobiernos y federativos deben impulsar el deporte y no el negocio. Ojalá que, en Brasil, como en posteriores Copas, se preocupen porque las mujeres cuenten con instalaciones dignas, nuevas, no reciclaje de desperdicios de los torneos varoniles y que esos encuentros se vean como justas deportivas y no como business.
Apostilla: La propia autoridad legitima y alienta la informalidad. La dueña del ahora famoso pato Merlín, dedicada a la venta de botellas de agua y refrescos en el perímetro de la Alameda, actividad que encuadra en el comercio informal, ya que por su negocio no paga impuestos ni tiene un salario fijo o prestaciones. Lo mismo ocurre con quienes generan casi el 60 por ciento de la economía nacional. Pero como Merlín se convirtió en una mascota casi oficial y le permitió al gobierno la manipulación propagandística, decidieron apoyar a la señora Gómez para darle una vivienda. Si realmente se quiere ayudar a esa familia, ¿no sería más conveniente incorporarla a una actividad productiva en el comercio formal, darles capacitación y acceso a los créditos de microempresas o garantizar la educación de calidad de sus hijos para que en el futuro cuenten con una profesión que les permita un mejor nivel de vida, aunque se les critique después de “aspiracionista”? En ese esquema también merecen una vivienda quienes vende piratería, clones, fritangas o los vagoneros del Metro. No ayuda al crecimiento del país el uso político de personas o mascotas.

Octavio Campos es un periodista con una larga trayectoria profesional en diversos medios y con cargos públicos que le han permitido estar en los lugares correctos para ejercer su profesión de comunicador.














