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Del circo mediático al Circo A-Tadei
El caso que salpica al INE apunta a una red de casi tres décadas. Hacen falta auditorías, no solo discursos. El gato no estaba dormido.
Por Paco Baca, Director · Ciudad de México · Jueves, 5 de noviembre de 2026, 10:50 a.m.

cartón y editorial de Paco Baca.
Durante años nos acostumbraron al mismo truco. Mientras una mano agitaba el escándalo de la semana, la otra firmaba contratos. Mientras la opinión pública corría detrás del incendio mediático de turno, los negocios seguían avanzando con la tranquilidad de quien sabe que nadie hará las preguntas correctas.
Por eso el caso que hoy salpica al INE resulta tan delicado. No porque Guadalupe Tadei haya inventado el problema, sino porque la investigación apunta hacia una red que habría sobrevivido gobiernos, consejeros, reformas y discursos durante casi tres décadas. Y cuando una práctica logra vivir más que quienes deberían combatirla, deja de ser una anomalía para convertirse en sistema.
Allí comienza el verdadero espectáculo.
Porque mientras unos obtenían contratos, otros fabricaban silencios. Mientras los millones cambiaban de manos, los organismos de vigilancia parecían incapaces de encontrar lo que hoy aparece frente a todos. Como suele ocurrir en México, los responsables vigilan, los vigilados prosperan y las auditorías llegan cuando el escenario ya está lleno de humo.
Después aparecen los discursos. Siempre aparecen los discursos. Las declaraciones solemnes, los llamados a la transparencia y las conferencias donde todos descubren, de pronto, aquello que llevaban años observando sin mirar. Nadie sabía nada. Nadie vio nada. Y sin embargo los contratos existieron, los recursos circularon y los beneficiarios florecieron.
Porque la corrupción mexicana rara vez entra rompiendo puertas. Generalmente llega recomendada. Se sienta a la mesa, saluda por su nombre a todos los presentes y termina convirtiendo la confianza pública en patrimonio privado.
Y allí está el fondo del problema.
No son solamente los contratos.
Es el ecosistema.
Los compadres contratando compadres, los compadres supervisando compadres y los compadres investigando compadres.
Por eso el INE necesita algo más que explicaciones. Necesita transparencia, auditorías y una limpieza profunda. No para proteger gobiernos ni para destruir adversarios, sino para rescatar la credibilidad de una institución que vive de la confianza de los ciudadanos.
Porque una democracia puede sobrevivir a muchos errores.
Lo que difícilmente sobrevive es a la sospecha de que el árbitro también juega el partido.
Y cuando los ratones hacen fiesta durante veintisiete años, es porque el gato no estaba dormido.
Simplemente formaba parte del circo aplaudiendo desde primera fila el espectáculo.
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