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Ciudad de México · Lunes, 21 de septiembre de 2026

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La metamorfosis del aprendizaje

El de los 70 copiaba el pizarrón. El de hoy desliza una tableta. La IA tutora ofrece atajos. La pregunta es si formamos pensadores o usuarios de plataforma.

Por Paco Baca, Director · Ciudad de México · Lunes, 21 de septiembre de 2026, 12:10 p.m.

Cartón de Paco Baca: dos médicos y un niño miran una radiografía de cráneo con el logotipo de una inteligencia artificial en el cerebro; papel vintage de Enlace Diario

Cartón de Paco Baca: dos médicos y un niño miran una radiografía de cráneo con el logotipo de una inteligencia artificial en el cerebro; papel vintage de Enlace Diario

Cartón editorial · Paco Baca

En los años 70, un estudiante se sentaba frente al pizarrón con su cuaderno de cuadros grandes, copiando dictados y memorizando fórmulas como quien graba en piedra. El conocimiento era un camino lineal: maestro, libro, repetición. La paciencia era una virtud y la memoria, la única herramienta de supervivencia escolar.

Hoy, un niño desliza su dedo sobre la pantalla de una tableta y recibe respuestas inmediatas de aplicaciones educativas que ajustan la dificultad según su desempeño. La inteligencia artificial se ha convertido en tutor invisible, capaz de medir la atención, corregir errores en tiempo real y hasta de recomendar pausas para evitar la fatiga cognitiva. La neurociencia confirma que estas herramientas mejoran la memoria de trabajo y la capacidad de resolución de problemas, aunque advierte: la concentración prolongada se erosiona en un océano de estímulos digitales.

La comparación es brutal: mientras el estudiante setentero dependía de la disciplina y del tiempo invertido en bibliotecas, el alumno actual navega entre algoritmos que le ofrecen atajos cognitivos. El riesgo es evidente: aprender rápido puede significar pensar menos.

Los escenarios futuros se proyectan entre luces y sombras. La próxima generación de profesionales llegará a un mercado laboral con habilidades para interactuar con sistemas inteligentes, pero alejados de una capacidad de interiorizar los problemas reales generados por los errores humanos, y deberán demostrar que no son simples operadores de máquinas. La creatividad, la ética digital y el pensamiento crítico serán las monedas más valiosas en sociedades donde la automatización amenaza con devorar empleos rutinarios.

La pregunta es lapidaria: ¿formamos pensadores autónomos o usuarios obedientes de plataformas? La respuesta dependerá de cómo hoy decidamos equilibrar la fascinación tecnológica con la formación humanista. Porque la IA, como bisturí educativo, puede abrir caminos hacia una autonomía intelectual inédita… o convertirse en el verdugo silencioso del pensamiento crítico.

Cuando miramos esos viejos anuarios escolares, vemos que el estudiante de los años 70 cargaba libros; el de hoy carga más que libros, y todo en algoritmos que brotan en la pantalla como la gran biblioteca de Alejandría, pero de forma digital, inmediata y con la anuencia del Wi-Fi. El estudiante del mañana cargará, además del compendio de la humanidad, dilemas éticos. Y allí se jugará la verdadera batalla por la educación y la libertad de pensamiento.

Es cuanto.

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